Nuestra misión nace del mandato de dar seguridad a las personas, entre otras finalidades. Pero a las personas las podemos proteger en genérico, cuando hablamos de ellas como colectividad, sin cargos específicos, y en singular, cuando nos dirigimos a cargos y nombres concretos, que deben hacer frente a situaciones de riesgo, consecuencia de una posición relevante (económica, política, etc.). Para ello -para protegerles- debemos conocer y desarrollar las medidas de protección que disuadan y, en último extremo, eviten el daño a nuestros protegidos.